Observatorio de Mortalidad
Materna y Neonatal

La doctora Ana Cristina González, médica colombiana, feminista, experta en género, derechos humanos, salud sexual y reproductiva estuvo de visita en nuestro país para asistir al evento de celebración de los 50 años del Fondo de Población de Naciones Unidas UNFPA. EVIDENCIAS la entrevistó con la finalidad de dialogar sobre la situación de los derechos sexuales y derechos reproductivos en nuestro continente.

¿Cuál es la situación de la exigibilidad de los derechos sexuales y derechos reproductivos en el Cono Sur?

Uno de los logros más importantes, en esta última década, es la consolidación de unos marcos normativos más o menos sólidos en los distintos países de la región que han instituido mecanismos de exigibilidad. Además, por supuesto, de los tratados internacionales y de los comités que se han creado para hacer seguimiento al cumplimiento de esos tratados internacionales que han hecho que en la práctica algunas cosas se transformen, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por ejemplo, es el caso de Colombia que en el año 2006 hubo una tutela en la Corte Constitucional donde se despenalizo el aborto en tres circunstancias. O muchos casos emblemáticos en América Latina, como el caso en el Perú de la joven que habiendo solicitado un aborto terapéutico no lo recibió y fue obligada a terminar con una gestación y a dar a luz a una criatura encefálica y a amamantarla durante cuatro días en virtud de lo cual las Naciones Unidas declararon que la negación o la penalización absoluta al aborto terapéutico era una forma de trato cruel, inhumano y degradante. Entonces, creo que estamos viviendo una década donde cada vez más personas tienen conciencia de sus derechos y también los gobiernos saben que esos derechos se los puede exigir. Es muy sencillo: la gente conoce las normas, conoce las leyes y en ellas exige sus derechos y los gobiernos tienen que cumplir.

Sin embargo, pareciera que hay una paradoja: mientras hay una mayor exigibilidad de derechos de las mujeres hay casos, como usted señalaba, de hechos más violentos como los feminicidios, que son en mayor cantidad y, cada vez, con mayor saña, ¿cómo ve esta situación?

Una de las cosas que empiezo a pensar es que estamos experimentando una época de cambio cultural y los cambios culturales producen choques y se generan choques porque hay formas distintas de mirar y entender la vida. Hay una fuerte contra movilización, conservadora y fundamentalista la que promueve discursos de odio, de discriminación y que, en buena medida, es responsable del crudecimiento de los feminicidios muy agresivos, de las persecuciones a las defensoras de derechos humanos. Pero, por otro lado, hay toda esta populación de derechos y sobre todo una conciencia de derechos en las personas que se enfrentan en este momento y por eso vivimos también momentos de paradojas, que a uno le cuesta recordar históricamente pero que no son nuevas. Hace 100 años estos mismos fundamentalistas, en otros cuerpos, se oponían al derecho al voto de las mujeres y se oponían con formas muy agresivas y violentas, ¡cuántas mujeres tuvieron que pagar con sus vidas el derecho al voto!

Entonces en esa dinámica, las mujeres, adolescentes y niñas ¿deben seguir exigiendo sus derechos?

Seguir exigiendo y ejerciendo; es cierto que otra cosa que pasa es ese choque cultural y, cuando se desinstala los sistemas dominantes, la gente se siente vulnerable tanto en la intimidad como en lo público. Entonces, muchos de esos hombres que antes se sentían dueños de las mujeres ahora, esos mismos personajes, se sienten desestabilizados y ese desbalance en las relaciones de poder los vuelven más agresivos. Es muy lamentable, pero yo creo que si seguimos guardando silencio nos estamos equivocando; hay que seguir exigiendo y como lo dicen los jóvenes de eso sí se habla, de eso también tenemos que hablar para que se transforme ese imaginario que nos cuesta cambiar en nuestras sociedades.

Bolivia, por ejemplo, tiene la segunda tasa más alta de embarazos en adolescentes, ¿cómo ve esta situación?

Bueno, creo que es lamentablemente lo que está pasando en nuestra región, algunos países han hecho una ligera disminución de esta tasa pero cada vez son más las embarazadas y, además, esos embarazos, no nos podemos olvidar, son resultados de violaciones. Son embarazos a niñas, en menores de edad, resultado de relaciones asimétricas de poder o relaciones violentas. Esto es un enorme desafío, no podemos permitir que las niñas sean madres. Las niñas deben ser educadas y hay que ofrecerles otras alternativas de vida distintas a la maternidad además de una absoluta sanción e intolerancia a la violencia sexual y a la violencia basada en género.

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