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Historias de vida: Camila, cáncer de cuello Vila Vila, Uyuni Rosa.

La madre de Camila, cuenta que la tuvo muy joven, soltera y sobrellevando una vida muy difícil. Más tarde se casó con un hombre con el que tuvo su segundo hijo, pero tampoco pudo consolidar una relación duradera, hasta que encontró a su tercera pareja, con la tuvo otros tres hijos. Los dos mayores solían decirse de pequeños “jamás vamos a dejar hijitos a la mamita, para que no sufran igual que nosotros. Yo, cuando les escuchaba hablarse así, les decía ¿qué saben ustedes de eso?, ¿cómo van hablar así?, pero ellos decían: no, nunca vamos a dejar a la mamá un hijo o un bebé, si vamos a tener un bebé nos lo vamos a llevar a donde sea y nos vamos a sacrificar. La mamita, a nosotros, como sea nos está criando. Ahora los dos se han muerto, mi hija Camila se murió el 2011, a los 23 años, de cáncer, y mi hijo apenas cumplió 28 años este año (2017) y se ha muerto, entrando al hospital para hacerse operar. Se han muerto y no me han dejado nietos. Han cumplido su palabra” (Rosa) Camila y su hermano no tenían una buena relación con el padrastro, ni siquiera le dirigían la palabra. El tampoco hacía el menor esfuerzo por llevarse bien con ellos. Todo lo que tenían que resolver en la vida lo hacían con su madre. Los dolores de cabeza que fueron permanentes en la adolescencia de Camila se los hacía pasar con aspirina, aunque decía “no sirvo para estudiar, me duele la cabeza cuando pienso mucho”. Cuando terminó la primaria, se fue a trabajar como niñera a Sucre, en la casa de su propia profesora, cuando volvió a su tierra. Sólo aguantó un año y volvió para entrar a la secundaria en Uyuni. “Un día, no más con sus amigas, han averiguado y han entrado a trabajar a la mina. Ella me dijo: mami una señorita nos va venir a recoger para entrar a trabajar a la San Cristóbal. Yo le he dicho: vayan, pero no se van a comportar mal, no van a estar apareciendo embarazadas, bien se van a comportar, ustedes tienen madre, les he dicho.” (Rosa) La idea era trabajar dos meses (diciembre y enero) y volver al colegio después, pero Camila decidió seguir en el trabajo, abandonando los estudios y viviendo en el campamento de esa importante empresa. Al poco tiempo quedó embarazada de uno de sus compañeros 78 Mujeres ausentes. Estudio cualitativo de mortalidad materna de trabajo, quien al enterarse de la situación fue a pedir la mano a sus padres. No tuvo éxito a la primera. Volvió con sus padres en el mismo empeño y una tercera vez, con toda su familia. Ya casados, la relación empezó con problemas, por el alcohol. En cada fiesta de la empresa o del pueblo el joven se emborrachaba y se tornaba violento y dominante. La golpeaba y al día siguiente se arrepentía. No podía controlarse. Camila no tuvo un buen embarazo. El bebé murió a la hora de haber nacido, en la casa de Rosa. El segundo y el tercer embarazo terminaron mucho antes de nacer, al segundo o tercer mes de embarazo. En el cuarto intento, el embarazo pasó de los tres meses, pero le apareció un lunar en el cuello, que fue creciendo. No quiso hacerse ver en el centro, pese a que tenía seguro médico en la empresa. Pensaba que se podía curar con “quitatawa”, una planta del lugar que se usa para hacer desaparecer los granos. Cuando finalmente tuvo que ir a consulta médica, el personal no quiso arriesgarse con alguna intervención por temor a provocar un nuevo aborto. Entonces, recurrió al Centro de Salud de Vila Vila, al octavo mes de embarazo. “Ella vino aquí para hacerse atender, y nosotros la hemos remitido a La Paz porque era extraño, en La Paz le detectaron un cáncer en el cuello” (Médico). En realidad, primero le realizaron una cesárea a los quince días de internación y luego le hicieron una biopsia en patología. El resultado era un cáncer con metástasis que no podía operarse. Entró a terapia intensiva por dos meses y dada de alta con quimioterapia. El bebé estuvo tres meses en incubadora y no alcanzó a vivir más tiempo. Camila decía mientras observaba al bebé “ojalá se muera, así yo también voy a morir tranquila”. Volvió a su casa y tenía todo el cuerpo hinchado, perdió el cabello y se sentía muy mal. Iba a La Paz cada semana por su tratamiento. Murió a los dos meses.

El doctor del centro de salud de Vila Vila dice: “la muerte de Camila no tiene nada que ver con su embarazo, porque ella murió de cáncer, no sufrió mucho tiempo porque su cáncer fue fulminante”.

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