Observatorio de Mortalidad
Materna y Neonatal

Alberto De La Galvez Murillo C

En tres reportes previos se analizó la situación de la pandemia en Bolivia, acudiendo a los indicadores usuales y se formuló algunas recomendaciones destinadas a reducir la magnitud del problema; además, en el tercero, se examinó el estado del problema en los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando.

Este cuarto informe, sucinto al igual que los anteriores, está dedicado a La Paz, Oruro y Potosí, previa revisión de lo que está pasando en el país, que hasta el domingo 21 de junio registró 24388 casos diagnosticados y 773 defunciones (tasa de letalidad 3,2%).

El número de descartados es de 34401 y su relación con los positivos diagnosticas es de 1 caso positivo por cada 1,4 descartados  (34401/24388). Al 31 de mayo la relación era 1,9, reducción que está indicando la actividad de la epidemia. En el gráfico 1 es posible apreciar la evolución de los casos positivos de COVID-19.

En el gráfico 2 es posible advertir el comportamiento de la epidemia a nivel nacional, con las curvas de casos acumulados y nuevos en constante crecimiento. En la semana epidemiológica 25 (domingo 14 a sábado 20 de junio) el aumento de los casos nuevos fue de 32% en comparación con la semana epidemiológica previa. Algo parecido ocurrió entre las semanas 21 y 22 (62%).

A medida que avanza el calendario epidemiológico hay más casos nuevos que en cada semana epidemiológica previa; esto está indicando que el virus está muy activo y que el contagio comunitario se ha dispersado en los territorios departamentales y municipales. Uno de los indicadores que refleja esta situación es la tasa de ataque por cada 100.000 habitantes que, como sabemos, solo refleja la presencia de contagio en personas que tuvieron contacto con el sistema de salud y su prueba PCR resultó positiva (gráfico 5).

Hasta la semana epidemiológica 15 (11 al 17 de abril), la tasa de incidencia era de 2, hasta la semana 20 (10 al 16 de mayo), subió a 33 y, hasta la semana epidemiológica 25 (14 al 20 de junio) está en 202 por 100.000 habitantes, es decir un incremento de 612% en 34 días entre las semanas 20 y 25.

Mientras más intensa es la epidemia, se suman los problemas. Renuncias de algunos directores de hospitales; constantes quejas por la falta de suministros y elementos de bioseguridad; desobediencia y marchas de grupos ciudadanos; implementación tardía de centros de aislamiento; falta de coordinación; respuestas no oportunas a las llamadas de personas que presentan síntomas; rechazos; fallecimientos en domicilio y en las puertas de algunos hospitales; insuficientes muestras recolectadas y reportes con retraso de los resultados. Numeroso personal de salud contagiado. Crisis evidente. ¿Cómo afectarán estas realidades en el futuro inmediato y mediato al ya debilitado prestigio del sistema nacional de salud?

La epidemia en La Paz, Oruro y Potosí

La situación de la epidemia en el departamento La Paz es divergente con las de Oruro y Potosí, en parte por la diferencia en el número de habitantes. Sin embargo, Oruro, con casi la mitad de habitantes menos que Potosí, tiene 14,0% más casos positivos que este.

Las curvas correspondientes a los casos positivos acumulados de cada departamento aparecen en el gráfico 3. La correspondiente al departamento de La Paz, que tuvo un día aciago el domingo 21 de junio, está bastante por encima de las otros dos debido, entre otros aspectos, a que La Paz tiene más población y porque la epidemia está más activa. No obstante esto, la tasa de ataque de Oruro es más alta que en La Paz y Potosí (gráfico 5).

De acuerdo con el gráfico 4, la epidemia se desbordó en La Paz y Oruro el 30 de mayo y, en Potosí, el 31 de mayo, casi coincidiendo con la flexibilización; pero, debido al periodo de incubación del virus, los contagios ocurrieron al menos una semana antes.

El gráfico 4 permite también apreciar las características que tiene la epidemia en cada departamento, en el día a día. Las curvas son muy diferentes a las de casos acumulados (gráfico 3), porque están directamente influenciadas por la cantidad de pruebas recolectadas y por la oportunidad con la que los laboratorios proporcionan los resultados.

A 104 días de presencia de la pandemia en el país, 74 de cuarentena y 21 de flexibilización, las ciudades de La Paz y El Alto decidieron encapsularse por tres días para intentar controlar la situación, afectada por el comportamiento relajado de varios grupos humanos, dedicados a marchar, realizar ferias o a entorpecer los cordones sanitarios. En El Alto han sido registrados casos en 10 de los 14 distritos municipales. En La Paz, los distritos más afectados son, Max Paredes, Periférica y Sur, y las controversias por la Dirección del SEDES están afectando el manejo de la epidemia. El domingo 21 de junio el departamento reportó 235 casos nuevos, 2,6 veces más que el 11 de junio, cuando fueron registrados 90 casos nuevos.

En Potosí, donde las autoridades declararon emergencia sanitaria, se informó que los respiradores están en funcionamiento (lo mismo que en Santa Cruz y Beni), También, se dio a conocer que el cementerio de la capital ya no tenía espacio para las inhumaciones por COVID-19, aunque hasta el domingo 21 de junio el número total de decesos reportados en todo el departamento era de trece.

En Oruro, el «silencio epidemiológico» fue roto el 09 de abril, a casi un mes del primer caso detectado. La ruptura tuvo lugar cuando una persona infectada, burlando los controles militares y policiales, llegó a la ciudad de Oruro procedente de Challapata. A partir de ahí todo cambio, por lo que Oruro retorna a la cuarentena rígida desde el lunes 22 de junio. En cuanto al procesamiento de muestras, las autoridades municipales inauguraron un laboratorio de biología molecular, que iniciará labores procesando hasta 100 muestras por día, con la posibilidad de llegar a cuatrocientas. También, se sabe que adquirirán un equipo de plasmaferesis, para reemplazar el que está obsoleto.

En los tres departamentos, las tasas de letalidad (y las de incidencia) son diferentes en magnitud. Al 24 de abril, en La Paz era de 9,0% y de 3,5% al 21 de junio. En Oruro las cifras eran 4,8% y 7,8%, respectivamente y, en Potosí, de 4,8% y 3,0%, respectivamente. ¿Cuánto tiene que ver en estas cifras la altura sobre el nivel del mar y la concentración de rayos ultravioleta sobre la virulencia del coronavirus?

Finalmente, ¿hay alguna reflexión global que sea posible formular a estas alturas de la epidemia en Bolivia? Hay historias y situaciones que casi a diario exhiben los medios de comunicación sobre personal de salud que se contagia al tomar contacto con personas que acuden a los servicios de salud y que no se sabe en ese momento si están infectadas o no. Analizando con responsabilidad y precaución esos eventos, es posible afirmar que, en varios de ellos, el contagio no debió ocurrir.

En los centros COVID-19 y en los no COVID-19 deben ser asumidas las mismas medidas de bioseguridad personal e institucional. ¿Por qué? Porque el 80% de las personas infectadas son asintomáticas o presentan síntomas leves. Ningún síntoma de todos los descritos, incluida la fiebre, está presente en el 100% de pacientes, al momento de tomar contacto con el personal de salud. Por mi propio bienestar debo asumir que cada persona a la que atiendo puede estar infectada.

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